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Cristino Lavariega y Aida Aquino

Don Cristino lo dice muy claro "hablen con mi esposa, yo me encierro en mi taller y me encargo de hacer piezas, pero ella maneja el negocio. Ella me ayuda a pintar las piezas y a venderlas, si no fuera por ella estaría yo lleno de piezas terminadas sin vender"

Y precisamente así, con un trabajo en equipo han trabajado durante más de 30 años la hojalata, oficio que les ha dado carrera a sus hijos y que les permite expresarse con una técnica que han heredado de sus padres.

Don Cristino trabaja jornadas de 12 horas al día y sale muy poco sólo con la finalidad de comprar materia prima en la Ciudad de México o de mandar a hacer herramientas con el herrero, las cuales considera como su mayor tesoro. "Hay personas que tienen muy pocas herramientas y con eso tratan de trabajar pero el resultado final es muy distinto y eso lo nota el cliente, que ve que sus bisagras no funcionan o el repujado se ve chueco. Para trabajar y sobresalir en lo que sea hay que invertir en las herramientas"

Doña Aida asegura que cuando la hojalata estaba "de moda" llegaron a tener muchos empleados en el taller que ayudaban con las piezas, sin embargo, el furor pasó y ahora no hay muchas personas que la compren por lo que en el taller ahora sólo trabaja la pareja.

A pesar de no vender tanto como antes, Don Cristino y Doña Aida siguen poniendo el mismo empeño en sus piezas, pues es su gusto y orgullo elaborarlas y venderlas en diversos eventos a los que asisten, así como exhibirlas como piezas de colección para tiendas o proyectos exclusivos, los cuales retan su habilidad como artesanos y los ayuda a mostrar sus habilidades a través de sus bellas piezas.

Cristino y Aida